Tic tic tic

Ese sonido escuche ayer en la calle Barquillo de Madrid, donde caminan muchos invidentes hacia la sede de la Once.

Me gusta ser su lazarillo si me dejan. Algunos conocen bien el camino y no lo necesitan. Poder servir de luz para ellos es aprendizaje y amor a tanto regalado que no valoramos de manera ininterrumpida.

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