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El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela

La Catedral de Santiago reabre las visitas del Pórtico de la Gloria tras diez años de restauración.
portico de la gloria

El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela es un pórtico de estilo románico realizado por el maestro Mateo y sus colaboradores por encargo del rey de León Fernando II, quien donó a tal.
La entrada oeste de la Catedral fue rematada en el año 1188 con la obra cumbre de la escultura románica: el Pórtico de la Gloria. Este soberbio conjunto de tres arcos, esculpido por el Maestro Mateo en sólo 20 años, dota al atrio del templo de un poderoso simbolismo cuya lectura engarzaba con la de las restantes fachadas exteriores : pecado original, Redención y Juicio Final. Más de 200 figuras de granito, tan vívidas y expresivas como no se habían representado nunca en la Edad Media, interaccionan como en un cuadro animado para componer un mensaje teológico centrado en la Salvación del Hombre.
El Pórtico, además, debe ser entendido como un conjunto simbólico de la Jerusalén Celeste formado por la cripta , el propio pórtico de tres arcos y la galería de la tribuna, en la parte superior del templo, equivalentes a la Tierra, el Juicio Final y la Gloria.
Arco central
El Pórtico se compone de tres arcos, uno por cada nave de la Catedral, con sus respectivos tímpanos, arquivoltas y columnas; un zócalo inferior, una columna central o parteluz, lienzos de la contrafachada (hacia la fachada del Obradoiro) y bóveda.
En el arco central se eleva la visión apocalíptica de la Jerusalén Celeste: Cristo resucitado, rodeado por los cuatro Evangelistas y sus emblemas: Lucas escribe su Evangelio sobre el toro, Juan, sobre el águila; Marcos, sobre el león, mientras Mateo aparece con su caja de recaudador de impuestos. Entre ellos aparecen los Justos y debajo, un cortejo de ángeles que porta los instrumentos de la Pasión (columna, cruz, corona de espinos, lanza, etc). Sobre este conjunto, en la arquivolta, los 24 ancianos del Apocalipsis conversan entre sí mientras afinan los instrumentos con los que entonarán el canto de la Gloria.

La emperatriz Zita

Me interesa su testimonio de vida..

El 28 de junio de 1914 un extremista serbio asesina a Francisco Fernando y a su esposa, que estaban en Sarajevo. Este crimen desencadenaría el comienzo de la Primera Guerra Mundial y, con ella, la transformación del orden europeo. En medio del conflicto, el emperador Francisco José fallece agotado por la edad y las tragedias. Poco antes, llama a su presencia a los herederos y se despide. En 1916, Carlos sube a los tronos austríaco y húngaro acompañado por su esposa Zita, la que sería la última emperatriz.

El joven monarca centra sus esfuerzos no en ganar la contienda sino en lograr la paz: “haré todo lo que pueda para desterrar los horrores y los sacrificios de la guerra”. Su visión, interpretada como debilidad, fue aprovechada por quienes querían acabar con el Imperio. Carlos se ve obligado a ceder su poder, tras un tira y afloja para aclarar que no abdicaba. Su esposa insiste en ello a su marido: “Un soberano no puede abdicar nunca. Prefiero morir aquí a tu lado”. Holanda y Suiza les ofrecen asilo. Pero quieren seguir en Austria, por lo que se trasladan al pabellón de caza de Eckartsau, cerca de la frontera húngara.

Zita recordaba después su partida del Palacio de Schönbrunn: “Fuimos con los niños a la capilla, donde pronunciamos una oración solicitando regresar allí un día”. Después de dar las gracias y despedirse, uno a uno, de los sirvientes que quedaban, bajaron al patio donde aguardaban “cadetes de las academias, con lágrimas en los ojos, pero en perfecto orden y guardándonos hasta el final”.

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