Creando un nuevo diccionario

delirioDelirio de Amor nace de la necesidad de compartir amor a las personas que padecen enfermedad, discapacidad, soledad, necesidad de cualquier tipo..sin olvidar que nunca sabemos lo que puede venir al día siguiente.

Todos lo hemos vivido en algún momento de nuestras vidas y es cuando más necesitamos calor y mimos. Es por ello que este lugar pretendo que sea un nido de amor; donde podamos expresar libremente las luchas, avances y ¿por qué no? sufrimientos diarios.

En Delirio de Amor se tiende la mano al que la necesita. Si buscas consuelo y paz, aquí la encontrarás.También puedes compartir tus éxitos que rompen la barrera física y ayudan a otros a darse cuenta de que sí se puede. Cada uno podrá contar de sus vidas y si alguien quiere compartir, está invitado. Todas vuestras palabras, suman vida, ayudando a los demás.

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La emperatriz Zita

Me interesa su testimonio de vida..

El 28 de junio de 1914 un extremista serbio asesina a Francisco Fernando y a su esposa, que estaban en Sarajevo. Este crimen desencadenaría el comienzo de la Primera Guerra Mundial y, con ella, la transformación del orden europeo. En medio del conflicto, el emperador Francisco José fallece agotado por la edad y las tragedias. Poco antes, llama a su presencia a los herederos y se despide. En 1916, Carlos sube a los tronos austríaco y húngaro acompañado por su esposa Zita, la que sería la última emperatriz.

El joven monarca centra sus esfuerzos no en ganar la contienda sino en lograr la paz: “haré todo lo que pueda para desterrar los horrores y los sacrificios de la guerra”. Su visión, interpretada como debilidad, fue aprovechada por quienes querían acabar con el Imperio. Carlos se ve obligado a ceder su poder, tras un tira y afloja para aclarar que no abdicaba. Su esposa insiste en ello a su marido: “Un soberano no puede abdicar nunca. Prefiero morir aquí a tu lado”. Holanda y Suiza les ofrecen asilo. Pero quieren seguir en Austria, por lo que se trasladan al pabellón de caza de Eckartsau, cerca de la frontera húngara.

Zita recordaba después su partida del Palacio de Schönbrunn: “Fuimos con los niños a la capilla, donde pronunciamos una oración solicitando regresar allí un día”. Después de dar las gracias y despedirse, uno a uno, de los sirvientes que quedaban, bajaron al patio donde aguardaban “cadetes de las academias, con lágrimas en los ojos, pero en perfecto orden y guardándonos hasta el final”.

Agradecimiento en vida de amor

El 15 de junio, durante el Ángelus, se refirió a las «domésticas y asistentes, que provienen de tantas partes del mundo y prestan un servicio valioso en las familias» a pesar de que «muchas veces no valoramos con justicia el grande y hermoso trabajo que realizan». Ahora Francisco cuenta que siempre lleva consigo, en un bolsillo, la medalla del Sagrado Corazón que le dio la señora que trabajaba con su familia cuando él era un niño: una viuda siciliana que emigró tras la muerte de su marido y murió satisfecha, con la dignidad de quien siempre ha trabajado.

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